miércoles, 22 de abril de 2015

El Encuentro


Películas cristianas
  Cinco viajeros se refugian de una tormenta en el restaurante “La última oportunidad”, ubicado al lado de una desolada carretera. A medida que el mesero les toma sus pedidos y conversa con ellos, se dan cuenta de que ése hombre no es una persona ordinaria.


  Un matrimonio destruido y al borde del divorcio, una jovencita abusada por su padrastro y que huye de su hogar, un hombre de negocios millonario y sin escrúpulos y una mujer que busca desesperadamente el romántico amor de su vida, responden de manera diferente a la propuesta del mesero: “Tengo un plan para cada uno de ustedes. Todo lo que tienen que hacer es creer en mi.”

  Unos le creen sin objetar, otros lo ponen a prueba con sus preguntas y otros simplemente se van.  ¿Qué harías tú?


Cinco desconocidos y un acto de Dios

Cada alma busca la redención y nadie escapará al juicio

El destino los unió y sólo la fe puede salvarlos



Yugo desigual


No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?
2 Corintios 6:14

  Que fuertes pueden sonar estas palabras para un cristiano que ha puesto sus ojos en un inconverso. Qué difíciles de aceptar y poner en práctica cuando deseamos formar una familia con alguien que no comparte nuestra fe.
  Lo primero que viene a nuestra mente es que con nuestra oración podremos llevarlo a los pies de Cristo. Pero no logramos ver las consecuencias de ignorar lo que Dios nos pide.
 

  Melissa es una joven a la que no le importa conducir 400 millas para encontrarse con su novio Paul, pensando que le propondrá matrimonio. Pero los planes de Jesús para ella son diferentes.
  La conversación entre Melissa y Jesús nos hace entender que muchas veces nuestros caminos no son los caminos de Dios, pero sin duda Dios nunca se equivoca. Nosotros sí.

    - Melissa, tengo mucho más para tí también, si confías en mí. Cuando te pida cosas que no quieras hacer, ¿qué harás?
    - No entiendo.
    - No puedes casarte con Paul.
    - Pero lo amo.
    - Bueno, no debería decir que no puedes porque sí puedes. Pero no deberías. No es mi deseo para ti, Melissa.
    - Pero lo amo.
    - Melissa, tienes un corazón muy bondadoso. ¿De cuántos chicos te has enamorado desde que tienes 16 años?
    - Pero él también me ama.
    - Melissa, no es mi voluntad que una futura pareja sean tan diferentes. Paul no cree en mí.
    - ¿Y si me caso con él y hago que mi misión sea salvarlo? Puedo hacer eso.
    - Melissa, ¿lo amas, de verdad?
    - Si, lo amo.
    - ¿Quién crees que lo ama más? ¿Tú o yo?
    - Obviamente tu, pero...
    - Melissa, Paul no siente por ti lo que tu sientes por él. Odia su trabajo en Winemoka. Es un hombre solitario. En estos momentos piensa que eres exactamente lo que él necesita. Pero dentro de dos años, cuando regrese a Los Ángeles, querrá algo más, algo que no podrás darle.  Le crecerá un gran disgusto hacia ti. ¿Y sabes que es lo que más le disgustará de ti? Tu fe en mí. Esa será la diferencia más grande entre ustedes dos. Asi que en lugar de ser la herramienta que lo acerque a mi, causará que tome la dirección opuesta. Melissa, ¿no es más importante que me ame a mí que a tí?
    - ¿Llegará a creer en ti?
    - Con el tiempo sí. Lo hará.
    - Entonces, podría...
    - Melissa, te lo prometo, para ese entonces ni siquiera querrás tener la posibilidad. Recuerda, te tengo preparadas muchas cosas maravillosas para ti.

La pureza del mundo creado por Dios


Hay una escena en la película que puede pasar desapercibida pero que tiene un gran trasfondo.

    - ¿Tiene café? - le preguntan al mesero.
    - Lo siento lo único que sirvo es agua. - contesta él.
    Melissa bebe el agua y queda sorprendida.
    - Sabe rica. - dice ella.
    A lo que el mesero le responde:
    - Es mi propia receta. Dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.

  Esto me hizo pensar en el sabor real que tiene el agua. La verdadera agua. Agua obtenida de una naturaleza sin contaminación. El agua que Dios creó pero que nosotros hemos pervertido al punto de que ya no deseamos beberla sin que pase primero por procesos de purificación que sin duda la transforman, alejándola de lo que era inicialmente.
  Y lo que hemos hecho con el agua es lo mismo que hemos hecho con todo lo que nos rodea.
  Dios creó un mundo perfecto, bello, puro. Y muchas veces, con el afán de mejorarlo u obtener algo de él, lo hemos destruido.
  Pero Dios puede restaurar todas las cosas, incluyendo un corazón pecador. ¿Lo crees?